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domingo, 12 de septiembre de 2010

No necesita título

Cuando un polvo casi casual pasa a ser casi costumbre.
Una transpiración copada te deja al casi terminar.

lunes, 30 de agosto de 2010

¡Qué escándalo!

¡Ay, qué escándalo sería, mi vida! ¡Qué escándalo sería si se enteraran de lo que hemos hecho, mi vida!
Ay, mi vida, si supieran mis hermanos..., ay, mi amor, si supiera vuestro hermano y vuestra cuñada.
Mi vida, tu vida. No más, vida mía.
Pero, ¡qué escándalo sería! ¿Te imaginas?
Nuestros sexos, mi vida. Nuestros sexos se han unido.
Nuestros sexos se juntaron, con bronca y con pasión, mi vida.
¿Qué dirían nuestros hermanos? ¿Y nuestras madres?
Ay, nuestras madres. ¿Nuestros padres? Nada, ¿qué podrían decir ellos?
Pero nuestras madres, nuestros hermanos, vuestra cuñada...
¡Qué escándalo sería! Y nos culparían. Mal nos mirarían.
Nos culparían por habernos divertido, por habernos dado risa.
¡Ay, qué escándalo sería, mi vida! Pero, no importa, no importa, mi vida.
Pocas cosas han sido, y han de ser, tan divertidas.

sábado, 17 de julio de 2010

Ver una luz

El cuerpo reclama. Si querés seguir disfrutando, cedé.

Con eso muere mi orgullo. Y por eso todavía no me muero. No se equivocó cuando explicó sus motivos.
Al minuto y medio, casi me entrego a los brazos de la dulce oscuridad. El sufrimiento hubiese terminado.

Veintidos porqués

Mientras le escribía un futuro a alguno, se representó ante mis propios ojos cuál sería mi futuro con el otro.

martes, 6 de julio de 2010

En la plaza

Te quiero tanto, corazón. Pero entendeme. Yo no puedo seguir acá parada mirando cómo jugás en la plaza. Ya no puedo cuidarte. Estás grande. Tenés tus amiguitos, jugá con tus amiguitos. ¡Qué rápido creciste, corazón! Se nos escapa el tiempo de las manos, eh. Pero vos no te preocupes. Yo siempre voy a estar cerca para cuando lo necesites. ¿Qué? No, ahora no. Ahora me tengo que ir a hacer cosas de grande. Pero vos andá y jugá, corazón. Jugá. Divertite, corazón. Te quiero tanto. Pero yo no me puedo quedar acá parada mirándote jugar. Entendeme, corazón. Hagamos de cuenta que cuando se haga la hora te paso a buscar. Te quiero, corazón. Chau, mi vida. Chau.

domingo, 4 de julio de 2010

Quincuagésimo porqué

En verano todo crece. Y yo nací en invierno.

Consejos para una noche de viejo verano II

Cuando el atardecer de un domingo se te presenta como para aprovecharlo, divertite.
Demorar el tiempo. Seguir el contacto.
Y nada de acordarse de aquellos paréntesis de sábado. Pero, si de todas formas ocurrirá, pensalo así: mientras vos prendías tu faso con su llama, él se apagaba en el río de ella. El otro gran polvo puede quedar intacto. Pero no te muerdas los labios. Reite, que el contexto es otro, por más que estés sentada en el mismo lugar.
Apreciá el paso de las horas, aún frenándolas.
Prestá atención a todo y a todos. No te olvides de nada. Recordá el viejo verano. Vivilo de nuevo.
Y entre tu Larry, tu Zekiel y tu más querida Ashley, sonreí.
Para el final del día, antes de morir por cansancio, pensá en lo hermoso que fue nacer ese domingo.

Consejos para una noche de viejo verano

Cuando la noche se te pesenta como para salir o no salir y la casa está vacía; contrarestalo.
Dejarse matar por una soledad. Admitir que necesitás algo.
Hay pendejos limpios y pendejos sucios. Malcrialos. Pero hasta el punto en que quizás se muestre la pérdida de la ironía, y entonces te encuentres prendiendo tu faso con su llama; o tal vez, te veas enorgullecida por algún polvo que te hayan echado. Para esta última instancia, ojalá te estés mordiendo los labios.
Seguramente, al instante, la estupidez de verte en arrepentimientos. Otro instante más y no hay tal cosa.
Saberse vivo aproxima la muerte.

lunes, 28 de junio de 2010

Triángulo

Nos vamos pasando el mensaje.
Así soy yo, gritó un cuarteto entero.

En el momento oportuno

Empieza aquel a decirme lo que ya habíamos dicho.
Habla aquella que podría complementarlo.
Ambos gritan lo que quisieran decir.
Aparece el extraño para verlos morir.

Extracto I

El aire libre, el azul del cielo, la frescura de una tarde de invierno despejada.
Un humo que me recorre hasta escapar en un suspiro.
Pausada pero intensa respiración. Constante. En aumento.
Calor en determinadas extremidades. Calor en el pecho.
Y la ropa en el cuerpo cuan si fueran manos, muchas manos ajenas.