Quizás los mimos de pies nos lleven a la perdición. Quizás yo susurre que nos rescatemos. Y quizás él me pregunte al oído dos o tres veces: "¿Cómo?", como diciendo: "¿Qué dijiste? ¿Que pare? ¿Segura?". Y quizás eso lo haga mientras esté tocando mi sexo con fervor. Quizás, entonces, me entregue a la lujuria y a sus manos y a su cuerpo y a su piel y a su boca y a su sexo. Quizás todo termine entre suspiros y jadeos. Quizás los dos quedemos agitados. Quizás nos recostemos y después de 10 minutos nos preguntemos qué fue lo que pasó.
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