lunes, 1 de marzo de 2010

Gran extracto

"(...)antes de morirme me gustaría estar con una chica. (...) porque en la vida hay que probar todo. (...) Y tengo un poco de miedo de que me guste".

Eso lo dijo una señorita que, aparentemente, es conocida en el ambiente mediático –poco y nada sé sobre el tema– porque la estaban entrevistando en una radio de esas que se escuchan en la oficina cuando se le hace random al dial. Y fue un comentario que generó polémica en el programa de turno.
¡Qué tanto! No sé cuántos veinti o treinti tenía esa mujer, pero con mis veintiuno a mitad de camino ese tipo de cosas ya las taché.
Entiendo que mi promiscuidad para algunas cosas no es así de común en todos y que algunas personas pueden tener un poco más de pudor. Pero, vamos. Si es un deseo de esa magnitud, es inentendible que todavía no lo haya hecho. Gustarte, te va a gustar, ma. No te digo que abandonarás y rechazarás a la clásica forma fálica de carne y piel. Son dos cosas distintas.
Mi consejo para esta muchacha: Dale que va. Sacate las ganas. El sexo todo es lindo y divertido. Con hombres, con muejeres, entre varios, o con uno mismo nada más. Así que, divertite. Y que antes de morir desees hacer algo muchísimo más extravagante. Porque en la vida hay que probar todo...

domingo, 28 de febrero de 2010

Numen

Adjudicándole todas estas palabras al fernet –siendo esta una sutil forma de justificar esta sinceridad–, te digo: sos un hijo de puta.
Sí, un hijo de puta. Porque eso no se hace. Debería ser inconstitucional. No digo ilegal, porque más de una de las cosas que hago son ilegales, aunque no deberían.
No es aceptable desde ningún punto de vista hacer lo que hiciste. No a mí. No a alguien como yo.
Viniste y, con palabras, me violaste. No, no te acuso ni te denuncio. La realidad es que no fue violación. Ambos consensuamos ese mismo acto. Estuvimos de acuerdo. Me corrijo entonces, y te digo que me garchaste. Y yo me dejé.
Más de una vez me acordé, textualmente, de tus palabras. Más de una vez expresé a modo escrito y oral la forma en que me sentí cuando leí lo que me habías dicho. Y puedo citarlo sin ningún problema, sin modificar un fonema siquiera.
"Me vienen recurrentes ganas de acostarme con vos y el colchón no me parece de lo más copado".
¿Cómo podría pasar desapercibido? Nunca nadie me dijo algo tan así. Tan puro, explícito, vulgar y tentador.
Te pago con la misma moneda. Vos viniste y me lo dijiste con algún porcentaje de alcohol y vaya uno a saber qué más en tu sistema. Yo hago lo mismo. Me bajo tres o cuatro copones de fernet y te escribo.
Te escribo que no acepto el hecho de que me hayas poseído en palabras y que después queden las ideas y ganas tiradas en la calle sobre una pila de cartones y muebles rotos que ya no sirven. Ni siquiera en un container. En la calle, en la vereda, en alguna esquina que sea un basural, donde la municipalidad se haya limitado a poner una virgen, pero que en nada cambia las cosas. Lanús está llena de esas, la localidad es un santuario. Entonces, ¿te das una idea de lo absurdo que se ve desde este lado? Un desperdicio, una molestia. Contaminado, todo contaminado.
Aceptaría que lo recicles. Que lo dejes guardado en alguna caja para después. Como esas cosas que se guardan porque se sabe que en algún momento pueden servir.
Pero, no. Ni siquiera puedo ocupar lugar al pedo. Hay quienes se sienten molestos con guardar porquerías. Y lo entiendo, aunque yo soy de esas que guardan.
Me escribiste, en ese acto me garchaste y después te fuiste. Asumo que razones bien válidas tendrás. No interesa cuáles. No pido explicaciones. Tampoco las doy cuando no es necesario.
El punto final es que la recurrencia ahora es sólo mía y sólo para que quede un regisro de esto, te digo que yo sí la guardo en una de mis cajas de cartón que pongo sobre el placard junto con muchas otras cosas que en algún momento sacaré de ahí para usar. Pero en este caso particular, el que tiene la voz de mando sos vos. Cuando quieras. Cuando seas gustoso de que baje esa caja, avisame. Y, de una buena vez, que no sea con palabras. Terminá lo que empezaste de la manera en que correspondería.

jueves, 25 de febrero de 2010

(...)

"Ya estoy un poco grande como para seguir siendo tan hija de puta. Por otro lado, todavía no creo que alguno sea capaz de solucionarme".

Problema resuelto.

Santa soledad, te imploro...

Cachetazo solitario y en contra de mi voluntad. Primera vez en mucho tiempo.
Pero, la puta. Cómo disfruto de un faso y un fernet cuando estoy sola.

Pude haber sido muy egoísta.
Supongo que es parte de alguna madurez. Entender que todo a su debido momento.
Dejarlo que se abofetee un rato antes de aprender a disfrutar.

Qué mal. Se acabó lo que se quemaba.
Un pucho, dos tragos y a la cama.

miércoles, 24 de febrero de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Extracto de viaje II, 3.ª entrega

Sábado 20 de febrero de 2010

Aquellas palabras que me violaron hace un tiempo atrás se asomaron nuevamente ayer a la noche. Y me generaron algunas recurrentes ganas, claro.
Por otro lado, las útimas palabras taladradoras de cabeza me visitan bastante segudio. Claro que tengo bien en cuenta el hecho de que fueron justo antes de que yo haga este viaje.
De vez en cuando recuerdo el resto.
De todas formas, el más latente es el que en pocos días veré, y el hecho de que no haya idea alguna de lo que pueda llegar a pasar me generá ansias.
Algunas historias podrían concluirse. Y no, no me refiero al clásico, aburrido e irrisorio "final feliz".

viernes, 19 de febrero de 2010

Extracto de viaje II, 2.ª entrega

Viernes 19 de febrero de 2010
Río Quilpo.

Mejor momento del día: soledad, faso y fernet a los pies del río.

lunes, 15 de febrero de 2010

Extracto de viaje II, 1.ª entrega

Lunes 15 de febrero de 2010
Tanti.

Todas esas palabras. Otra pudo haber sido la historia si hubiésemos charlado antes.
En este mundo globalizado y en plena era de la comunicación, lo que menos hubo fue lo que abundaba.
De haber sabido que quería que me quede, yo lo hubiese hecho.
El gráfico se mantiene como siempre y, seguramente, él tenga razón. Quizás algún día, las funciones den otros valores.
Por el momento, lo dejo ser y me dejo ser.
Fuimos muy sinceros. Seguramente quedaron cosas para decir. Como por ejemplo, que lo quiero y que me encanta verlo bien.
Necesito volver a la vida, voy a sumergir mi cabeza en aquel río que cae a mi derecha.

sábado, 13 de febrero de 2010

martes, 9 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 10.ª entrega

Viernes 12 de febrero de 2010.

La moraleja no se aprende sino hasta el final de la historia.

lunes, 8 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 9.ª entrega

Jueves 11 de febrero de 2010

Escribí y borré muchas cosas de este mismo renglón. No encuentro las palabras, evidentemente. Nada de lo que pueda decir al respecto me deja totalmente satisfecha en cuanto a expresar lo exacto sobre el tema.
Y sigo haciéndolo. Escribo. Borro. Probemos:
Él, el acolchado, lo dicho, la mesa, yo, el colchón, la soledad, el alcohol, sus ojos, una película, los míos, un absurdo teléfono, somnolencia, un comentario, insomnio, soledad de nuevo, balcón, marihuana, más alcohol, planes, imaginación, mar de noche, tiempo, mar en coche, salsa de soja.
Creo que fue lo más claro que pude decir sobre el tema.

domingo, 7 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 8.ª entrega

Miércoles 10.º de febrero de 2010


Haber tenido que hacer un repaso a modo oral de estos últimos seis años de mi vida ha sido más revelador para mí que cualquier otra cosa -ya sea: interesante, entretenido, agotador, novelístico, poético, aburrido, absurdo, destructivo, lindo, indignante, gracioso, abrumador, y lo que usted sea gustoso de agregar a esta lista- que haya podido llegar a ser para otro.

sábado, 6 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 7.ª entrega

Martes 09 de febrero de 2010


Soñé con todos ellos y amanecí con ninguno.
He pedido opiniones a lo largo del tiempo. No estoy segura de que me sirvan del todo. Noto como si muchas cosas fueran un poco superficiales.
Sigo sin extrañar. Pero debo admitir que me encantaría compartir determinados momentos –dependiendo de cuáles sean– con alguno en particular.
Ya estoy un poco grande como para seguir siendo tan hija de puta. Por otro lado, todavía no creo que alguno sea capaz de solucionarme.
Podría poner unas fichas en uno. Como dije algunos días atrás, es como si me conociera aun sin hacerlo.
Sé que muchos de mis puntos de vista no son comprendidos. Tampoco me tomé realmente la molestía de explicarlos como correspondería.
A veces doy cosas por sobreentendidas. Hay límites que quisiera que exploten y que de ellos nazca una enorme ola de libertades. Difícil que ocurra.
Náusea otra vez. Y es entonces cuando me gustaría que él estuviese acá. Ya sea para entenderla, para alimentarla o para sacarla. Esa puta náusea.
Y yo gritaría algo similar a que se metan todas esas mierdas en el orto. Y él me abrazaría para calmarme, para demostrarme que lo entiende y para hacerme sentir acompañada con algo real dentro de toda esa falsedad. Tampoco funcionaría... Quizás.
A esas alturas se pierde un poco la perspectiva. Algunos profesionalismos ya me aburren. Creo que tengo ganas de algo un poco más improvisado.
¡Y ojalá todo salga mal!


Debo admitir que es cierto. Hasta la más perfecta soledad tiene un límite ya que, en algún punto, se tienen ganas de la presencia de alguien para satisfacer algunas necesidades.
¡Ojo! A veces las necesidades pueden quedar satisfechas por uno mismo.
Entonces, quisiera saber dónde estará el límite.

viernes, 5 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 6.ª entrega

Viernes 05 de febrero de 2010


Llueve. El paisaje está hermoso realmente.
La música en modo aleatorio encaja perfectamente con las circunstancias.
Pienso en ellos. De a ratos imagino con cuál podría compartir este momento. Creo que sólo podría hacerlo con uno. Con ese. Con aquel.
El mar está enojadísimo e inquieto. Me alegra haber pasado estos días de la manera en que los pasé.
Tengo ganas, pero no extraño. Y eso no me extraña, tampoco.
Es una lástima que Ezequiel no haya podido estar acá. Un momento ácido ahora sería ideal.
Sigo pensando en él y en esa forma que tiene para todo. De alguna manera, creo que quizás sea el único que pueda conocerme incluso sin hacerlo.


Los últimos ratos de esta soledad y se me ocurrió pensar en aquellas palabras por las que brindé.
Exacto. No habrá momento como ahora.
Va mucho más allá de las libertades que pueda sentir en hacer determinadas cosas. Seguramente, las volveré hacer en otro contexto mucho más cotidiano. Quizás a modo elegíaco por extrañar este momento actual o quizás porque podré darme el gusto de hacerlo. Pero, las volveré hacer al fin.
Hoy tengo 21 años y estoy creciendo de esta manera. Y yo decidí hacerlo de esta manera. Me alegra mucho haberlo hecho. Muchísimo.
Sé que volveré a crecer miles de veces más. Pero serán todas distintas y quizás no sean de las que más se disfrutan...
No me da miedo, me provoca un dejo de melancolía al darme cuenta de que si hoy soy capaz de notar esto es porque, entonces, hace rato que crecí y que estos días solo fueron la forma más superficial de mostrarlo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 5.ª entrega

Jueves 04 de febrero de 2010


Es la última noche de soledad hasta vaya uno a saber cuándo. Por algún motivo, llamese casualidad o causalidad, recién hoy terminé de fumar la marihuana que traje en una pequeña bolsita y que estaba separada para fumarla cuando esté sola. Lo gracioso del caso es que la terminé antes de darme cuenta de qué día era y por ende de qué situación me esperaba.
Es esta la última noche conmigo y, a punto de preparar ese cigarro digestivo, me doy el gusto de empezar a despedazar esa piedrita de poco menos de 25 gramos (repartí un poco antes de venir. Ante todo soy amable y una buena hermana mayor, claro) que me tomé la molestia de conseguir antes de viajar (gracias, Ru).
Y el mensaje justo ha llegado en el momento justo. Brindo con este cigarrito por las siguientes palabras:
"¿Qué revelación más aterradora que la de comprender que este momento es el momento actual?"
Como decía..., también brindo con este fasito por lo tuyo y por mío.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 4.ª entrega

Miércoles 03 de febrero de 2010


Sr.: What do you want from me? - Pink Floyd.

El faso y el fernet se complotaron y tomaron poder sobre mi celular.

martes, 2 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 3.ª entrega

Martes 02 de febrero de 2010


Ms.: Heroine - Sumo

lunes, 1 de febrero de 2010

Extracto de viaje I, 2.ª entrega

Lunes 01 de febrero de 2010


Hermoso día conmigo. Fueron indiferentes.

domingo, 31 de enero de 2010

Extracto de viaje I, 1.ª entrega

Domingo 31 de enero de 2010

Nunca me había ocupado de mí misma de esta manera.
Sí, más de una vez "viví" sola, pero nunca tan lejos de todo.
Y tengo todo lo que necesito, entiéndase, entre otras cosas, por lo siguiente: tabaco, mate, marihuana, plata suficiente, comida, fernet, Coca, mi cámara, música y Jazmín.
Salvando las distancias, tengo la inamovible idea de que dentro de este cuerpo en realidad somos tres o cuatro personas. Lo bueno es que si con alguna de ellas no me llevo del todo bien podremos resolverlo en ese mar que ruge a mi derecha.



De a ratos pienso en muchas cosas que hacía banda no pensaba. Y de alguna manera se entremezclan con esas cosas que gobiernan el pensamiento en el presente. Una cosa me lleva a la otra y por algún motivo –asumo tendrá que ver con la marihuana– llego a sacar conclusiones sobre asuntos que nunca antes había podido concluir en los clásicos momentos de hacer foco con los ojos en determinado detalle de algún rinconcito de mi techo.
Supongo que, además, debe tener algo que ver con la libertad de recordar cada tanto que en serio estoy sola, completamente sola, y lejos de todos como para que alguien pueda interrumpir este rato de revelación.

martes, 26 de enero de 2010

De espaldas a la avenida

Me llegó un mail. Un mail que me pedía una última reunión, una última vez para verme, tocarme, sentirme y por fin decirme "chau", pero de manera memorable. Respondí accediendo. Si había algo que él se merecía era poder despedirse de la que le pareciera la mejor manera posible.
Yo no me había portado de lo mejor. En realidad, ni siquiera me había portado. No hice nada más que dejarlo sin motivo aparente. Claro que, mi abandono podría haber sido para él por algún motivo relacionado con lo mismo que a él lo alejaba de mí. Pero, no. A mí no me importaba tanto aquello, aunque a él sí. Y si bien yo hubiese podido manejarlo, supuse que él no. Entonces, me fui y mientras me iba decidí tomar una mala decisión. Una de esas que a la larga se sienten en el cuerpo, en el fondo, en la mente y en el tiempo.
Entonces, le di la opotunidad de que me dé una oportunidad.
El punto de encuentro estaba lleno de gente; gente preocupada por sus asuntos, metida en sus problemas. Gente a la que nosotros no le llamábamos la atención, aunque entre él y yo sabíamos que al vernos, el resto iba a desaparecer. Dejarían de estar ahí con sus apuros, con sus problemas, con sus asuntos. Serían ellos los que no nos llamarían la atención.
Y nos vimos de esquina a esquina. Y nos encontramos en aquella parada de colectivo pactada con anterioridad en esa conversación por mails.
No charlamos mucho. Supongo que no teníamos mucho para decir. Los dos sabíamos que sería raro charlar más de lo necesario, por lo menos en ese momento.
El viaje no fue muy largo, tampoco muy corto. Fue suficiente como para que me abrace y yo repose mi cabeza en su hombro.
Llegamos a aquella casa enorme, solitaria aquel día. Tomamos algo, hacía calor en esa época. Me mostró un piano muy lindo que estaba ahí guardado. Le pareció que seguramente me gustaría verlo y no se equivocó. Fue un lindo gesto y un hermoso piano.
Se acercó, me acercó hacia él y me besó. Me besó como si yo fuera lo más suyo en este mundo. Me besó con su brazo rodeando mi cintura, y mi mano se posó en su cuello. Me besó por un rato y después me llevó de la mano al pie de la escalera. Me dio otro beso y sin soltar mi mano subió por aquella escalera de madera. Entramos en una habitación bastante iluminada. Claro, era plena tarde de octubre. El sol se asomaba por entre las nubes grises, pero sin que se opaque su luz. Nos acomodamos, nos acostamos, nos besamos, nos acariciamos, nos desvestimos despacio pero con ansias y nos seguimos besando, por todos lados, claro está.
Y nos tocamos, y el sexo oral no se hizo esperar, y transpirábamos, y jadeábamos... Finalmente, nos unimos. Nos unimos con deseo, con placer, con bronca, con pasión. Como un beso de chau, un abrazo de adiós. Como si fuera una puteada que al instante la continúa un "te quiero". Pero sin palabras. Jamás una palabra. Y menos, una palabra de esas.
Y terminó. Todo terminó: la relación, el coito, la tarde, él y yo.
Nos dormimos por un rato. Nos enmarañamos en los brazos del otro y nos relajamos.
Se acercaba el momento en que el telón se cerraría y tendríamos que dejar de actuar como amantes. Y el fin del escenario no era la casa, ni el colectivo. El fin de eso sería la parada en la que bajaríamos. La calle ya era parte de la vida cotidiana. El puente lo cruzamos como amigos, y en la avenida nos despedimos como si uno de los dos se fuera muy lejos y por mucho tiempo.
—Cuidate mucho —me dijo—. Nos vemos.
Esa fue la segunda vez que nos despedimos. Está vez y por última vez definitivamente, hasta hoy, por lo menos.
Después de cruzar la avenida que nos separaba no volví a mirar para atrás y desaparecí ante la vista de aquel tráfico metiéndome por las calles tranquilas que nacen o terminan en ese caudal de autos y gente.
De vez en cuando charlamos un poco. Me cuenta algo de su vida y yo le cuento muy poco de la mía.
Después de haberlo dejado ahí con su abrazo, con mi perfume, con el calor de próximo verano y con la frescura de habernos hundido en el otro durante horas; me fui a la casa de esa persona a la que yo le había permitido ponerme un título, por más que no mereciera ni siquiera titularme. Llegué, lo saludé con un beso simple y seco en los labios. Y con toda la naturalidad que pude, le conté un día que en realidad no había vivido y que tampoco contenía las mismas sensaciones y pasiones que el que en realidad había ocurrido.
Esa fue la primera vez que supe que en realidad esa relación no me importaba como debería importarme. Y ese fue el punto de quiebre en toda la historieta que vino después.
Ciertamente y para finalizar, yo seguí siendo el tren de carga. Él todavía no lo sabe. Y quizás, algún día, me vuelva a ver pasar.